Días difíciles, vidas difíciles.
Vidas invisibles, máscaras que esconden la verdad.
Palabras que matan, no, que torturan.
La verdad, tan difícil.
Palabras sinceras, palabras que duelen, que queman como la llama de las velas.
La cera se derrite, como el corazón mientras las palabras lo van quemando.
Poco a poco.
Un dolor invisible. Discreto.
Pero dolor, difícil.
Palabras que van derritiendo ese amor,
ese sentimiento que hace explotar las amistades.
Los amigos, los hermanos, ladrones de felicidad.
Realidad. Difícil verdad, ladrones de lágrimas caídas algún día de primavera.
Las arrancan como diamantes, celosos de su valor, lo desean, egoístas, no sienten piedad.
Solo miran su tesoro, guardado durante vidas enteras, robando esos diamantes derretidos de los demás.
Hermanos, amigos, amantes, ellos, ellas, ladrones de corazones cuando lloran.
Placer por secuestrar recuerdos maravillosos,
recuerdos que se comprimen en esas lágrimas pequeñas pero llenas de momentos.
Diamantes fundidos.
Corazones arrancados.
Lágrimas robadas.
Recuerdos secuestrados.
Ladrones amados.