Cada paso que damos en la vida es un paso hacia delante. Muchas veces, dependiendo del punto de vista podemos confundirnos, perdernos y pensar que vamos marcha atrás, pero todo depende de, repito, qué punto de vista se mire.
La tristeza, los malos momentos y la dificultad de muchas situaciones nos hacen pensar y sentir que no somos capaces de avanzar, de dejar atrás lo peligroso y dañino para nosotros, que somos inmaduros y poco lógicos y, por lo tanto, no evolucionamos.
Mentira.
Quien no entiende que sufre, que vive algo peligroso y, peor aún, no lo deja que pase y lo viva, es el inmaduro, el ingenuo e incapaz de valorar los momentos importantes de la vida. Cada deagradable momento es una fuente potentísima de cosas buenas, de inspiración, de reflexión, de pruebas de sí mismo y de conocimiento de los límites que se tienen, o no.
Lo malo sí que es malo, no quiero hacer pensar a la gente que no hay que darle importancia o realidad a lo malo. No quiero decir que lo malo no existe, creo que es mentira. Lo malo existe y tenemos que convivir con ello.
Lo que no hay que confunir es que la existencia de lo malo no requiere nacimiento sin sentido de ello. Lo malo siempre se provoca por algunas circunstancias e incorrectas respuestas a lo que sucede en nuestro entorno. Lo malo nace de nuestras elecciones. Hay cosas malas que no son relativas, no son buenas para otros, hay cosas mala que son malas y punto.
Hay otras, que no considero malas o buenas, que cada uno las puede sentir agradables o desagradables, pero no puede definirlas o caracterizarlas "buenas" o "malas".
Dejando lo que consideramos bueno o malo. Partiendo de la idea que lo malo y lo desagradable existe, con seguridad, intento decir que hay que aprender a vivir con ello a querer y a producir en nuestro interior una forma de "cariño" hacia esta, no tan idílica, realidad.
La mente todo lo aguanta si quiere y, si no quiere, todo puede matarla. La mente es la que decide cómo considerar un hecho y cómo va a afectarnos un acontecimiento o un pensamiento.
La mente, la mente y la mente. Amada y aclamada mente, sobrevalorada, demasiado, injustamente.
Los sentimientos son los que nos matan. Sólo nos hacen sufrir y no poder controlar, como hace la mente, nuestra lógica y filosofía que tenemos de base sobre el mundo. Los sentimientos son parte del mal, no son malos, pero son los que lo ayudan a crecer, a no poder controlarlo y a sentirlo con más intensidad.
Por un lado podríamos condenarlos y decir que lo mejor sería matar a los sentimientos, hacer que desvanezcan que desaparezcan o, más fácilmente, que no hubiesen existido nunca. Pero, pero, pero no seamos estúpidos. ¡Los sentimientos son los que nos ayudan a sobrevivir!
Si no sintiésemos no podríamos notar el mal, no podríamos dejarnos llevar por una relación envenenada, no podríamos dejarnos enamorar o vivir al límite nuestras experiencias. La mente nos frenaría, calcularía demasiado todo desde el principio y no se encontraría nunca con lo malo, dejándonos débiles, inexpertos y simplemente "a salvo".
No sabemos vivir, no nos han enseñado, no podremos saberlo nunca. Siempre nos rondará lo malo y nos desesperaremos, el tiempo decide cuándo y cuánto. Cuándo sucederá algo y cuánto tiempo sufriremos. Odiado y amado tiempo, adorado y condenado tiempo, lo malo siempre está en el programa, día a día, noche tras noche ronda y nos circunda lo malo. Lo bueno nos hace pensar en todo lo malo y nos hace sentir mucho peor.
Sonreir a posta, dicen, ayuda a sentirnos mejor. Muchas mentiras, demasiadas y duras de aceptar. No hay nada fácil en esta vida, sólo el sufrimiento es la elección segura. La felicidad es cuestión de tragarse lo malo, de hacer que convivamos que nos adaptemos a ello.
Ama a tu enemigo y serás feliz. Ama y acepta lo malo de la vida y sé feliz sabiéndolo. Pero ¿si lo sabes cómo puedes ser feliz?
No tengo respuesta. Sólo la seguridad de que no existe la felicidad pero no hay que "entristecerse" (¡qué hironía!), sólo aceptarlo.
Original.